Capítulo 12 · 2 min de lectura

Oración de salvación

El cristianismo no es una religión; es vivir la vida que procede de Dios.

Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo, Jesucristo, para que muriera por todos. ¿Por qué? ¡Para que tú y yo no perezcamos, sino que tengamos vida eterna! ¡Oh, qué maravilla! Yo tengo vida eterna, y tú también la tienes si has nacido de nuevo. Si aún no has nacido de nuevo, este momento es tu oportunidad. ¡Tendrás vida eterna si crees en Jesucristo con tu corazón y lo declaras Señor de tu vida!

«Pero dijiste que Jesucristo murió por todos; ¿por qué entonces afirmas que solo quienes han nacido de nuevo tienen vida eterna?». Quizás te preguntes esto. Empezaré con un ejemplo: un amigo te dice que ha firmado un cheque a tu nombre. Como es sabido, el dinero es tuyo. Sin embargo, si no vas al banco a cobrar tu dinero, sino que tiras el cheque, no tendrás ese dinero, aunque lo hayan firmado para ti. Lo mismo ocurre con la vida eterna. Nuestro Señor Jesucristo murió por el mundo entero. No obstante, la vida eterna se imparte a quienes creen en nuestro Señor Jesús como el Hijo del Dios vivo, creyendo que vino, murió y resucitó, y que hoy vive. Cuando conoces, aceptas y confiesas que Jesucristo es el Señor de tu vida, la vida eterna se imparte de inmediato en tu espíritu. Así es como se recibe la vida eterna. ¡Alabado sea el Señor!

¿Querrías ahora recibir esta vida eterna, la vida que procede de Dios? Por medio de estas líneas te invito a hacer de Jesucristo el Señor de tu vida, si aún no lo has hecho. Cree, por favor, y ora así: «Oh Señor Dios, creo con todo mi corazón en Jesucristo, el Hijo del Dios vivo. Creo que Él murió por mí y que Dios lo resucitó de entre los muertos. Creo que hoy está vivo. Confieso con mi boca que Jesucristo es el Señor de mi vida desde este día. Por medio de Él y en su Nombre, tengo vida eterna; he nacido de nuevo. ¡Gracias, Señor, por salvar mi alma! Ahora soy hijo de Dios. ¡Aleluya!».

¡Felicidades! Ahora eres hijo de Dios, nacido de la Palabra de Dios. Eres una nueva criatura, tan perfecta y justa, porque Cristo el Señor vive ahora en ti y te ha hecho su justicia. No necesitas sentirlo, sino creer que ahora eres una persona diferente, tan victoriosa, y que ahora puedes tomar las decisiones más sabias de todas. ¡Nada es imposible para ti ahora! Comienza a leer la Biblia y permite que Dios te hable y te guíe en su perfecta voluntad.

¡Que Dios te bendiga!

FIN

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Ochorus

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