Hombres de oración
Charles Spurgeon (1834 – 1892)

Capítulo 3 · 5 min de lectura

Charles Spurgeon (1834 – 1892)

¿Quién fue?

Charles Haddon Spurgeon nació el 19 de junio de 1834 en Kelvedon, Essex (Inglaterra), en el seno de una familia de predicadores: tanto su padre como su abuelo fueron ministros congregacionalistas. Se convirtió de forma dramática a los dieciséis años cuando, sorprendido por una tormenta de nieve, entró casi por accidente en una pequeña capilla metodista primitiva y oyó a un predicador laico hablar sobre Isaías 45:22: «Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra». Aquel sencillo mensaje le traspasó el corazón, y nació de nuevo.

Ese mismo año fue instalado como pastor de una pequeña congregación bautista, y a los veinte años ya había sido llamado a la capilla de New Park Street, en Londres, una de las iglesias bautistas más importantes del país. Su predicación atrajo de inmediato multitudes enormes. La capilla se quedó muy pequeña y, tras trasladarse a varios locales más grandes, en 1861 se construyó el Tabernáculo Metropolitano, con capacidad para 6.000 personas.

Se calcula que Spurgeon predicó a unos diez millones de personas a lo largo de su vida, formó a casi novecientos pastores en su Colegio de Pastores, fundó un orfanato y escribió de manera prolífica: sus sermones reunidos llenan sesenta y tres volúmenes y todavía se leen hoy. Solía predicar cuatro veces por semana y conocía por su nombre a sus 6.000 miembros.

A pesar de su extraordinario ministerio, Spurgeon sufrió mucho a causa de la gota, la depresión y el dolor de las falsas acusaciones de otros ministros. Nunca dejó de predicar en medio de su sufrimiento, y muchos de sus escritos más profundos sobre la oración nacieron de sus temporadas más oscuras. Murió en Menton (Francia) el 31 de enero de 1892, a los 57 años, y todavía hoy se le considera ampliamente el mayor predicador de la era moderna.

Una gran respuesta a la oración

Al comienzo de su ministerio en la capilla de New Park Street, Spurgeon atravesó una crisis de fe. La congregación era pequeña y estaba en declive. Oró con fervor para que Dios llenara la iglesia de almas.

A los pocos meses de su llegada, el edificio rebosaba, los pasillos estaban abarrotados y miles de personas se quedaban de pie afuera esforzándose por oír. Spurgeon testificó que aquel giro espectacular fue pura y enteramente una respuesta a la oración.

Más profundamente aún, Spurgeon hablaba a menudo de la reunión de oración como el motor del Tabernáculo Metropolitano. Decía que la reunión de oración del lunes por la noche —a la que asistían miles de personas cada semana— era el secreto de todo lo que el Tabernáculo lograba. Cuando le preguntaban por el poder de su ministerio, llevaba a los visitantes al sótano, donde a cualquier hora se podía encontrar a cientos de personas de rodillas. «Aquí», decía, «está la central de energía».

Una de las historias más célebres del ministerio de Spurgeon tiene que ver con una mujer postrada en cama que leyó acerca de las reuniones de D.L. Moody en América. Comenzó a orar específicamente para que Dios enviara a un gran predicador a su propia iglesia en Londres. Sin que ella lo supiera, Moody llegó a Inglaterra y fue invitado —precisamente por el pastor de su congregación— a predicar. El resultado fue extraordinario: cientos de personas llegaron a la fe en una sola reunión. Spurgeon usó esta historia una y otra vez para demostrar el poder de una sola persona que ora.

Escrituras clave

Jeremías 33:3 — «Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y poderosas que tú no conoces».

Hebreos 4:16 — «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro».

Mateo 21:22 — «Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis».

Sus palabras sobre la oración

«La verdadera oración se mide por el peso, no por la longitud. Un solo gemido delante de Dios puede contener más plenitud de oración que un hermoso discurso de gran extensión».

«La oración es el delicado nervio que mueve el músculo de la Omnipotencia».

«El poder de la oración nunca puede sobreestimarse. Los que no pueden servir a Dios predicando no tienen por qué lamentarse. Si un hombre tan solo sabe orar, puede hacer cualquier cosa. El que sabe vencer con Dios en oración tiene el cielo y la tierra a su disposición».

«Después de todo, la oración no es otra cosa que llevarle a Dios sus propias promesas y decirle: “Haz conforme a lo que has dicho”. La oración es la promesa puesta en práctica. Una oración que no se basa en una promesa no tiene un verdadero fundamento».

«En la oración estamos donde los ángeles se inclinan con rostros velados. Allí, allí mismo, los querubines y serafines adoran ante aquel mismísimo trono al que ascienden nuestras oraciones. ¿Y hemos de venir allí con peticiones raquíticas y con una fe angosta y encogida?»

La oración y la Palabra de Dios

«Siempre que no entiendas un texto, abre tu Biblia, dobla tus rodillas y ora sobre ese texto. La oración es la llave que abre los gabinetes del misterio. La oración y la fe son ganzúas sagradas que pueden abrir secretos y obtener grandes tesoros».

«El que mejor ora es el hombre que está más familiarizado, con fe, con las promesas de Dios. Después de todo, la oración no es otra cosa que llevarle a Dios sus propias promesas y decirle: “Haz conforme a lo que has dicho”».

La oración y el Espíritu Santo

«La oración es creación del Espíritu Santo. No podemos prescindir de la oración, y no podemos orar sin el Espíritu Santo».

«Si pudieras hacer la mejor oración del mundo sin el Espíritu Santo, Dios no querría saber nada de ella. Pero si tu oración es quebrantada, coja y renqueante, si el Espíritu la produjo, Dios la mirará y dirá, como dijo de las obras de la creación: “Es bueno en gran manera”».

«La oración es el autógrafo del Espíritu Santo sobre el corazón renovado».

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