Hombres de oración
Derek Prince (1915 – 2003)

Capítulo 15 · 5 min de lectura

Derek Prince (1915 – 2003)

¿Quién fue?

Derek Prince nació en Bangalore, en la India, en 1915, hijo de padres británicos. Se educó en el selecto Eton College y después en la Universidad de Cambridge, donde, a los veinticuatro años, fue elegido miembro (fellow) del King's College, un puesto de gran prestigio, gracias a su tesis de filosofía. En aquel tiempo se describía a sí mismo como ateo.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Prince se incorporó al Cuerpo Médico del Ejército Real como objetor de conciencia. Como ejercicio filosófico que él mismo se impuso, comenzó a leer la Biblia. En 1941, mientras estaba destinado en un cuartel militar, vivió lo que él describió como una «experiencia sobrenatural»: un encuentro con Jesucristo. Más tarde escribió: «De este encuentro saqué dos conclusiones: primera, que Jesucristo está vivo; segunda, que la Biblia es un libro verdadero, pertinente y actual. Estas conclusiones cambiaron todo el rumbo de mi vida». Dos semanas después fue bautizado en el Espíritu Santo.

La mañana siguiente a su conversión, el hombre que nunca en su vida había orado no podía dejar de orar. Fue destinado al norte de África y a Palestina, donde, durante su servicio en la guerra, conoció a Lydia Christiansen, una mujer danesa que dirigía un orfanato para ocho niñas en Ramala. Se casaron en 1946, y Prince se convirtió de inmediato en padre de ocho hijas. Renunció a su plaza en Cambridge, fue ordenado y fundó una iglesia pentecostal en Londres.

Desde Londres, los Prince se trasladaron a Kenia, donde Prince dirigió una escuela y plantó iglesias. Después se mudó a Estados Unidos y Canadá, y finalmente se estableció en Jerusalén en 1981, una ciudad que amaba con una profunda convicción bíblica. Escribió más de cincuenta libros y 600 enseñanzas en audio, traducidos a más de 100 idiomas. Murió en Jerusalén el 24 de septiembre de 2003, siendo uno de los maestros de la Biblia más escuchados del siglo XX.

Una gran respuesta a la oración

La respuesta a la oración más impresionante en la vida de Derek Prince fue su propia conversión: un encuentro no buscado e inesperado con el Cristo vivo mientras leía la Biblia a solas en un oscuro barracón del ejército. Prince no había estado buscando a Dios. Había estado estudiando la Biblia como un filósofo estudia un texto antiguo. Pero Dios irrumpió, y el hombre que se había dormido ateo despertó creyente.

Prince hablaba a menudo de su abuela, que había orado fielmente por él durante sus años de incredulidad en la universidad. Creía con absoluta convicción que los años de oración de ella por él habían preparado el terreno para aquel encuentro extraordinario.

Más adelante en su ministerio, mientras servía como director de una escuela en Kenia a finales de la década de 1950, Prince oró en dos ocasiones distintas para que unas personas fueran resucitadas de entre los muertos, y las dos veces Dios respondió. Estas experiencias ahondaron su comprensión de la autoridad que los creyentes tienen a su alcance en la oración. Dedicó el resto de su vida a enseñar a los creyentes que la oración no es una formalidad religiosa, sino un arma de guerra, un instrumento de sanidad y un medio para hacer avanzar el Reino de Dios en la tierra.

Escrituras clave

Efesios 6:17 – 18 — «Tomad la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.»

Romanos 8:34 — «Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.»

1 Timoteo 2:1 — «Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia.»

Sus palabras sobre la oración

«La oración no tiene límites. Es nuestro misil balístico intercontinental. Podemos lanzarlo desde cualquier lugar y hacer que llegue a cualquier lugar.»

«Las personas que de verdad gobiernan el mundo son las que saben orar.»

«La verdad no se obtiene a bajo precio. Exige mucho tiempo dedicado a la oración y al estudio de las Escrituras, seguido de su aplicación práctica en nuestra vida diaria.»

«¿Qué clase de sacrificios espirituales espera Dios que le ofrezcamos? Así como Jesús ofreció oraciones y ruegos durante Su vida en la tierra, así también debemos hacerlo nosotros. Cuando aprendemos a orar, entonces estamos capacitados para gobernar.»

«Si estás orando con fe, dices: “La respuesta está diez años más cerca que cuando empecé a orar”.»

La oración y la Palabra de Dios

«La gran revelación de la voluntad de Dios es la Palabra de Dios. Y la Palabra de Dios está repleta, de principio a fin, de promesas divinas. La voluntad de Dios no nos está oculta: está revelada en la Escritura. Ora las promesas.»

«Dios nos ha provisto de tres armas espirituales principales: la Palabra de Dios, el nombre de Jesús y la sangre de Jesús. Lanzamos estas armas por medio de la oración, la alabanza, la predicación y el testimonio.»

La oración y el Espíritu Santo

«No podemos servir a Dios con eficacia sin el Espíritu Santo.»

«El ayuno se ocupa de las dos grandes barreras que la naturaleza carnal del hombre levanta contra el Espíritu Santo: la obstinada voluntad propia del alma y los insistentes apetitos del cuerpo, que buscan su propia satisfacción.»

«La noche antes de mi conversión no sabía orar. Al día siguiente no podía dejar de orar. Aunque solo tomara una taza de agua, tenía que detenerme a dar gracias a Dios por el agua antes de poder beberla. La oración era ahora tan natural como respirar. Esa es la obra del Espíritu Santo.»

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