Capítulo 8 · 2 min de lectura · 2 min de escucha
El Cuarto de Oración
“Abre bien tu boca, y yo la llenaré.” — del Salmo 81
Un día, un misionero de Gales llamado Pengwern Jones vino a hablar en una reunión en un pueblo llamado Ludhiana. Había viajado toda la noche en tren. Estaba cansado y preocupado por la charla que tenía que dar esa tarde.
Mientras tomaban una taza de té por la mañana, un estadounidense callado le dijo: “Quiero verlo; lo esperaré en la puerta”. Era John. En la puerta le dijo: “Venga conmigo al Cuarto de Oración”. Entraron a eso de las ocho de la mañana, ¡y oraron hasta las tres y media de la tarde! El señor Jones se olvidó de que estaba cansado, y se olvidó de estar preocupado.
Entonces John lo acompañó hasta el salón de reuniones, le tomó la mano y le dijo: “Entre y hable; ese es su trabajo. Yo volveré al Cuarto de Oración a orar por usted; ese es mi trabajo”. Y aquel día Dios les habló a muchas personas.
En las reuniones de Sialkot, a John le encantaba echarse boca abajo sobre la alfombra del cuarto de oración y orar. Una vez oró con el versículo de la Biblia que está al principio de este capítulo, repitiendo una y otra vez las palabras “bien abierta”: “Bien abierta, Señor. Bien abierta”. Le estaba pidiendo a Dios que hiciera que su pueblo esperara cosas grandes.
El cuarto de oración no era un lugar triste. Cuando alguien encontraba la paz con Dios, a veces John se llenaba tanto de alegría que aplaudía y hasta bailaba, ¡y otros se unían a él, alabando a Dios!
Muchas veces John se olvidaba de comer o de dormir, y el muchacho que lo ayudaba lloraba por eso. Pero una vez, cuando sonó la campana del almuerzo, un amigo lo oyó susurrar: “Padre, ¿es tu voluntad que vaya?”. Luego dijo: “Gracias, Padre”, y se fue a almorzar con una sonrisa.
Algunas personas hablan, y otras oran por ellas. Las dos cosas son trabajo de Dios. Cuando oras por tu maestra o tu maestro, por tu iglesia o por tus amigos, tú también estás haciendo el trabajo de Dios.
Querido Dios, gracias porque puedo ayudar a otras personas orando por ellas. Por favor, bendice a todos los que me enseñan acerca de ti. Amén.
Conversen juntos
Hagan primero las preguntas; luego toquen una para ver una nota para los adultos.
¿Qué le dijo John al señor Jones en la puerta del salón de reuniones?
“Entre y hable; ese es su trabajo. Yo volveré al Cuarto de Oración a orar por usted; ese es mi trabajo”.
¿Qué hacía John a veces cuando alguien encontraba la paz con Dios?
Se llenaba tanto de alegría que aplaudía y hasta bailaba, y otros se unían a él para alabar a Dios.
¿Por quién podrías orar esta semana?
Cualquier respuesta sincera está bien. La idea del capítulo es que orar por otras personas es un trabajo de verdad para Dios, y que cualquiera puede hacerlo.
Capítulo 8 completado
El Cuarto de Oración