Crecer en sabiduría
El poder de la diligencia y la disciplina

Capítulo 3 · 7 min de lectura · 9 min de escucha

El poder de la diligencia y la disciplina

«Los planes del diligente ciertamente tienden a la abundancia; mas todo el que se apresura, de cierto va a la pobreza». — Proverbios 21:5

La diligencia: el secreto detrás de todo gran logro

Toda persona exitosa, ya sea en la escuela, en los negocios o en el ministerio, tiene algo en común: la diligencia. Diligencia significa un esfuerzo constante, cuidadoso y perseverante. Significa dar lo mejor de ti aun cuando no tienes ganas.

Muchos estudiantes oran pidiendo éxito, pero olvidan que Dios bendice el trabajo duro. La oración y la fe son poderosas, pero deben ir acompañadas de esfuerzo. Incluso Jesús, aunque estaba lleno de sabiduría divina, trabajó duro y fue disciplinado en su misión.

«Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres». — Colosenses 3:23

La diligencia convierte los sueños en realidad. Puedes tener grandes metas, pero sin esfuerzo diario se quedan en deseos. Así como los cultivos no crecen de la noche a la mañana, el éxito requiere tiempo, paciencia y disciplina.

¿Qué es la disciplina?

La autodisciplina es la capacidad de dominarte para hacer lo correcto, aun cuando es difícil. Significa estudiar cuando preferirías dormir, terminar la tarea antes de jugar al fútbol y cumplir tus promesas. La disciplina es el puente entre las metas y los logros.

«Ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados». — Hebreos 12:11

Piensa en un atleta. Antes de una carrera, se levanta temprano para entrenar. Come los alimentos adecuados, descansa bien y evita las distracciones. Su éxito el día de la carrera depende de la disciplina que practicó durante meses. Lo mismo ocurre en los estudios y en la vida. Un estudiante disciplinado no espera hasta la noche antes de los exámenes para empezar a leer. Planifica, se prepara y se mantiene constante.

Lo que dice la Biblia sobre la diligencia

La Biblia está llena de ánimo para trabajar duro. Proverbios 6:6-8 dice: «Ve a la hormiga, oh perezoso; mira sus caminos, y sé sabio; la cual, no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento». La diminuta hormiga enseña una lección enorme. Trabaja duro aun cuando nadie la está mirando.

Cuando Jesús contó la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30), elogió a los siervos que trabajaron con diligencia y multiplicaron lo que se les había dado. El siervo perezoso que enterró su talento lo perdió. La lección es clara: Dios espera que usemos y hagamos crecer los dones que ha puesto en nosotros.

Ejemplo: la disciplina del Dr. Ben Carson

Mientras otros niños veían televisión, Ben Carson leía libros. Estudiaba ciencias y soñaba con ser médico, aun cuando otros se reían de él. Dijo: «Con trabajo duro, perseverancia y fe en Dios, puedes vivir tus sueños». Su vida enseña que la disciplina es más fuerte que el talento natural. Quizá no seas el estudiante más dotado de tu clase, pero con diligencia puedes llegar mucho más lejos que quienes dependen solo de su capacidad.

Ejemplo: el enfoque de Stephen Kiprotich

Stephen Kiprotich no ganó el maratón olímpico por casualidad. Su vida diaria estaba llena de disciplina. Corría temprano por la mañana, antes de que saliera el sol. Cuidaba lo que comía. Entrenaba aun cuando estaba cansado, y no dejaba que las excusas lo detuvieran. Cuando subió al podio olímpico con la bandera de Uganda, el mundo vio solo unos pocos minutos de victoria. Detrás de esa victoria había años de disciplina invisible. El éxito suele mostrarse en público, pero la preparación ocurre en privado.

Hábitos de estudio prácticos

Haz un horario. Planifica tu día y asigna un tiempo específico para el estudio, el descanso y la recreación. No leas solo cuando tengas ganas. Planifícalo con cuidado.

Repasa cada día. Después de clase, revisa tus apuntes mientras todavía están frescos. Incluso 30 minutos de repaso diario pueden marcar una gran diferencia.

Haz preguntas. Los estudiantes diligentes son curiosos. Si no entiendes algo, pregúntale a tu profesor o a un compañero.

Aprovecha bien tus mañanas. Muchas veces la madrugada es el mejor momento para la oración, la lectura de la Biblia y el estudio. Tu mente está fresca y hay pocas distracciones.

Toma descansos. Trabaja duro, pero también descansa. Incluso Dios reposó el séptimo día. Sé constante en vez de estudiar a última hora para los exámenes.

Ora antes y después de estudiar. Pídele al Espíritu Santo que te ayude a entender. A Dios le importa tu aprendizaje aún más que a ti.

Equilibrar la escuela y la vida

Muchos estudiantes ugandeses tienen responsabilidades fuera de la escuela, como ayudar con los quehaceres, ir a buscar agua, cocinar o trabajar a tiempo parcial. La diligencia no significa descuidar estos deberes. Significa aprender a equilibrarlos con sabiduría.

Planifica tu tiempo para cumplir con tus responsabilidades familiares y aun así concentrarte en tus estudios. La Biblia dice: «En toda labor hay fruto; mas la palabra de los labios solamente empobrece». (Proverbios 14:23) Evita quejarte o compararte con otros que tienen más tiempo libre. Aprovecha bien cada momento. A veces, incluso 30 minutos de estudio concentrado pueden lograr más que horas de lectura distraída.

Vencer la pereza y las excusas

La pereza suele disfrazarse de comodidad. Te susurra: «Te mereces un descanso». O: «Puedes hacerlo mañana». O: «Todos los demás están descansando». Pero la pereza te roba el futuro, una pequeña excusa a la vez.

«Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu pobreza como ladrón». — Proverbios 6:10-11

La solución no es sentirte culpable, sino dar pasos de acción pequeños y firmes. Empieza tu tarea. Repasa una materia. Lee un capítulo. Una vez que comienzas, el impulso crece. Recuerda: la disciplina empieza con una pequeña decisión.

Ejemplo: la disciplina de Daniel

Daniel era un joven llevado cautivo a Babilonia. Aun en una tierra extranjera, permaneció fiel y disciplinado. Se negó a comer la comida del rey, que lo habría contaminado, y estudió con gran esmero. La Biblia dice: «En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino». (Daniel 1:20)

El éxito de Daniel vino de su combinación de fe, integridad y trabajo duro. Oraba con regularidad, estudiaba con diligencia y honraba a Dios por medio de su disciplina. Ese mismo espíritu de excelencia puede levantarte dondequiera que estés.

La administración del tiempo: una clave de la disciplina

Dios nos da a todos las mismas 24 horas al día, pero no todos las usamos igual. Los estudiantes sabios tratan el tiempo como un regalo.

«Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría». — Salmo 90:12

Establece prioridades. Haz primero lo primero: la tarea antes que los juegos, y la oración antes que las redes sociales. Evita los ladrones de tiempo, como el exceso de charla ociosa o pasar horas deslizando el teléfono. Prepárate con anticipación. Alista tu mochila la noche anterior para ahorrarte estrés por la mañana. Y descansa bien. Acuéstate lo bastante temprano para despertar descansado. La disciplina también significa descansar bien.

Ejemplo: Wangari Maathai

Wangari Maathai, de Kenia, enfrentó muchas dificultades cuando era joven: la pobreza, las pocas oportunidades para las niñas y oposición cuando defendió el medio ambiente. Pero estudió con empeño, llegó a ser científica y más tarde se convirtió en la primera mujer africana en ganar el Premio Nobel de la Paz. Una vez dijo: «Cuanto más alto subes, menos gente hay, porque no todos están dispuestos a escalar». Sigue escalando, un paso a la vez.

Reflexión

  • ¿Cómo usas tu tiempo cada día?
  • ¿Eres constante en tus estudios y tus responsabilidades?
  • ¿Qué pequeños hábitos puedes formar esta semana para ser más diligente?

Oración

Señor, ayúdame a ser diligente en mis estudios y disciplinado en mi vida. Enséñame a administrar mi tiempo con sabiduría y a trabajar con excelencia en todo lo que hago. Perdóname por las veces que he sido perezoso o descuidado. Lléname de fuerza y de enfoque, para que pueda dar gloria a tu nombre. En el nombre de Jesús, amén.

Capítulo 3 completado

El poder de la diligencia y la disciplina

Página 1 / 1 · 7 min restantes en el capítulo
Anterior Siguiente