Elisabeth Elliot (Para niños)
Regalos que caían del cielo

Capítulo 7 · 2 min de lectura · 2 min de escucha

Regalos que caían del cielo

“¿Cómo creerán en él si no han oído de él? ¿Y cómo oirán si nadie les cuenta?” — de Romanos 10

En lo profundo de la selva, más allá de los pueblos quichuas, vivía un pueblo llamado los huaorani. Su nombre quiere decir “la gente”. Siempre habían vivido apartados, y les tenían mucho miedo a los de afuera. Durante muchos años, cualquiera que entraba en su tierra corría peligro, y sus vecinos les tenían miedo. Nadie había podido visitarlos nunca como amigo.

Jim deseaba con todo su corazón que los huaorani oyeran de Jesús. Cuatro amigos sentían lo mismo: Pete Fleming, Ed McCully, Roger Youderian y Nate Saint, un piloto misionero con una avioneta amarilla. En septiembre de 1955, Nate y Ed volaron sobre la selva y vieron algunas casas huaorani.

Nate tuvo una idea muy ingeniosa. Bajaba un balde atado a una cuerda muy larga mientras su avioneta daba vueltas y vueltas en círculos cerrados, y así el balde quedaba casi quieto sobre un mismo lugar. Semana tras semana, los hombres bajaban regalos: ollas, tela, cuentas y machetes grandes, y gritaban palabras amistosas por un altavoz. Después de un tiempo, ¡los huaorani empezaron a atar a la cuerda regalos suyos, como una corona de plumas! Parecía amistad.

El 3 de enero de 1956, Nate aterrizó su avioneta en una playa de arena junto al río Curaray, no muy lejos de las casas huaorani. Los hombres construyeron una casita arriba en un árbol y llamaron al lugar Palm Beach. Esperaron, y gritaban saludos hacia la selva.

El viernes 6 de enero, tres huaorani salieron de entre los árboles: un joven, una joven y una mujer mayor. Se quedaron casi todo el día, comieron la comida de los misioneros, ¡y el joven hasta dio un paseo en la avioneta! Los cinco hombres estaban llenos de alegría y de esperanza.

Jim y sus amigos querían que los huaorani oyeran de Jesús, porque nadie les había contado nunca. Todavía hay personas que nunca han oído. Podemos orar por ellas, y nosotros también podemos contarles a otros.

Querido Jesús, gracias por las personas que van muy lejos a contarles a otros de ti. Por favor, ayuda a todo el mundo a oír de tu amor. Amén.

Conversen juntos

Hagan primero las preguntas; luego toquen una para ver una nota para los adultos.

¿Cómo les mandaba Nate Saint regalos a los huaorani?

Bajaba un balde atado a una cuerda larga mientras su avioneta volaba en círculos cerrados, y así quedaba casi quieto sobre las casas huaorani.

¿Quiénes salieron de la selva el viernes 6 de enero de 1956?

Tres huaorani: un joven, una joven y una mujer mayor. Pasaron casi todo el día con los misioneros, y el joven dio un paseo en la avioneta.

¿Por quién podrías orar que todavía no ha oído de Jesús?

Cualquier respuesta está bien. Jim y sus amigos querían que las personas que nunca habían oído conocieran a Jesús, y nosotros también podemos orar por ellas.

Capítulo 7 completado

Regalos que caían del cielo

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