Capítulo 1 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Una niña llamada Betty
“Estas palabras estarán en tu corazón. Enséñalas a tus hijos cuando estés sentado en tu casa y cuando vayas por el camino.” — de Deuteronomio 6
El 21 de diciembre de 1926 nació una niña en Bruselas, la capital de Bélgica. Se llamaba Elisabeth Howard, pero su familia le decía Betty. Su mamá y su papá eran estadounidenses. Habían ido a Bélgica como misioneros, para hablarle de Jesús a la gente de allí.
Cuando Betty todavía era una bebé muy pequeña, la familia volvió a Estados Unidos. Su papá empezó a trabajar en un periódico cristiano de Filadelfia que se llamaba Sunday School Times, y con el tiempo llegó a ser su director. La familia vivía en Germantown, una parte antigua de la ciudad. Cuando Betty tenía nueve años, se mudaron a una casa más grande en Moorestown, Nueva Jersey.
En la familia había seis hijos: cuatro varones y dos niñas. Betty era la segunda. Nunca sobraba el dinero, así que no se desperdiciaba nada, y todos tenían tareas que hacer.
Todos los días, dos veces al día, los Howard se sentaban juntos para adorar a Dios. Por la mañana después del desayuno, y otra vez por la noche, cantaban un himno, con todas sus estrofas. Su papá leía la Biblia y oraba por cada hijo por su nombre, y por misioneros de todo el mundo. Muchos de esos misioneros se quedaban en la casa de los Howard y contaban historias de tierras lejanas. Los niños se aprendieron de memoria muchos versículos de la Biblia y muchos himnos.
Betty era una niña alta, callada y tímida a la que le encantaba leer. Cada verano la familia iba a las montañas de New Hampshire, a un pueblo llamado Franconia. Allí Betty subía colinas, recogía moras, nadaba en agua fría y aprendía los nombres de los árboles, las flores y los pájaros. Lo amaba más que cualquier otro lugar del mundo.
La mamá y el papá de Betty no podían obligarla a amar a Dios. Pero le daban las palabras de Dios todos los días, y esas palabras se quedaron en su corazón toda la vida. Los versículos de la Biblia que aprendes ahora también pueden quedarse contigo.
Querido Dios, gracias por las personas que me enseñan acerca de ti. Por favor, pon tus palabras muy dentro de mi corazón, para que las recuerde toda mi vida. Amén.
Conversen juntos
Hagan primero las preguntas; luego toquen una para ver una nota para los adultos.
¿Dónde nació Betty, y por qué estaba allí su familia?
En Bruselas, en Bélgica, en 1926. Sus papás eran misioneros estadounidenses que habían ido allí para hablarle de Jesús a la gente.
¿Qué hacía junta la familia Howard dos veces cada día?
Adoraban a Dios juntos. Cantaban un himno, su papá leía la Biblia y oraba por cada hijo por su nombre y por misioneros de todo el mundo.
¿Hay algún versículo de la Biblia o alguna canción sobre Dios que sepas de memoria?
Cualquier respuesta sincera está bien. Betty aprendió las palabras de Dios cuando era pequeña, y se quedaron en su corazón toda la vida. Las tuyas también pueden quedarse.
Capítulo 1 completado
Una niña llamada Betty