Capítulo 31 · 3 min de lectura · 4 min de escucha
Día 30 — ¡He visto al Señor!
«Fue María Magdalena y dio las nuevas a los discípulos: “¡He visto al Señor!”. Y les contó que él le había dicho estas cosas.»
— Juan 20:18
Después de llamar a María por su nombre, Jesús le dio una tarea. Le dijo que fuera a contarles a sus discípulos que él estaba vivo.
Y María lo hizo. Corrió hacia los discípulos y les anunció: «¡He visto al Señor!».
María Magdalena fue la primerísima persona en dar la noticia de que Jesús había resucitado. El mensaje más importante de toda la historia, y Jesús confió en una mujer para llevarlo primero.
Piensa en todo lo que María había vivido. Antes de que Jesús la encontrara, estaba atormentada y atrapada. Entonces Jesús la liberó. Ella lo siguió y apoyó su obra. Se quedó junto a su cruz cuando otros huyeron. Se quedó junto a su tumba cuando otros se fueron a casa. Y ahora le tocaba contarle al mundo la mejor noticia de todas.
La historia de María es un retrato de todo este libro.
Se enfrentó a su miedo. Seguro que estaba aterrada junto a la cruz y confundida ante la tumba, pero se quedó.
Usó su voz. Cuando Jesús le dijo que fuera, fue y lo contó.
Sirvió. Había ayudado a Jesús con lo que tenía.
Dirigió. Llevó el mensaje a los discípulos antes que nadie.
Y siguió a Jesús hasta el final.
Eso es lo que significa ser valiente. No es no sentir nunca miedo, sino seguir a Jesús con todo tu corazón y hablarles de él a los demás.
Mira hacia atrás todo lo que has aprendido en estos 30 días. Aprendiste a llevarle tus preocupaciones a Dios y a personas de confianza. Aprendiste a usar tu voz: a hablar claro, a decir que no, a pedir ayuda y a decir la verdad con amor. Conociste a mujeres que sirvieron con sus manos y su corazón. Aprendiste a dirigir yendo primero, hablando con sabiduría, manteniéndote firme, haciendo preguntas, sirviendo y pasando la fe a otros. Y conociste a las mujeres valientes que siguieron a Jesús.
Ahora te toca a ti. Has visto al Señor en estas páginas. ¡Ve y cuéntalo!
Una historia real: Lilias Trotter era una joven de Inglaterra que pintaba maravillosamente. Uno de los mejores maestros de arte del país le dijo que, si se dedicaba a la pintura, podría llegar a ser una de las mejores artistas que Inglaterra hubiera visto jamás. Pero Lilias amaba a Jesús más que a la fama. Dejó a un lado ese futuro brillante y viajó en barco a Argelia, en el norte de África, para hablarle a la gente de Jesús. El trabajo era lento y solitario, pero se quedó casi cuarenta años. Y su don no se desperdició: pintó unos libritos preciosos que contaban la historia de Jesús de una manera que la gente podía entender. Eligió ser fiel en vez de famosa. Puedes leer toda su historia en Valientes por Dios.
Piénsalo: ¿Qué es algo valiente que has aprendido en este libro y que quieres seguir haciendo?
Inténtalo: Sé como María Magdalena. Cuéntale hoy a alguien algo que Jesús ha hecho por ti.
Querido Jesús, gracias por María Magdalena, que te siguió hasta el final y le contó al mundo que estás vivo. Hazme valiente como ella. Ayúdame a enfrentar mis miedos, a usar mi voz, a servir, a dirigir y a seguirte con todo mi corazón. Ayúdame a hablarles de ti a los demás. En tu nombre, amén.
Capítulo 31 completado
Día 30 — ¡He visto al Señor!