Capítulo 28 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Día 27 — Una fe que no se rendía
«Entonces respondiendo Jesús, le dijo: “¡Oh mujer, grande es tu fe! Sea hecho contigo como quieres”. Y fue sana su hija desde aquella hora.»
— Mateo 15:28
Una mujer de la región de Canaán se acercó a Jesús gritando: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí!». Su hija sufría muchísimo, y ella necesitaba ayuda desesperadamente.
No era judía. Venía de un pueblo que había sido enemigo de Israel durante muchísimo tiempo. Según las reglas de entonces, no tenía ningún derecho a pedirle nada a Jesús.
Al principio, Jesús no dijo ni una palabra. Los discípulos estaban molestos. «Despídela», dijeron, «porque viene gritando detrás de nosotros».
Pero ella no se rindió. Se acercó, se arrodilló delante de Jesús y le dijo sencillamente: «¡Señor, socórreme!».
Entonces Jesús dijo algo que nos suena extraño. Le explicó que su misión era primero para el pueblo de Israel, y usó un dicho: no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.
Eso puede sonar duro. Pero muchas personas creen que Jesús estaba probando su fe y dándole la oportunidad de mostrarla delante de todos los que miraban, sobre todo de los discípulos que querían despedirla.
Y ella respondió con una fe y una humildad asombrosas: «Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos».
Dicho de otra manera: Sé que no merezco nada. Pero hasta una migaja de tu poder bastaría para sanar a mi hija.
Y Jesús le dijo: «¡Oh mujer, grande es tu fe!». Y su hija quedó sana desde aquella misma hora.
La fe de esta madre no se rendía. Cuando Jesús guardó silencio, ella siguió pidiendo. Cuando los discípulos querían que se fuera, ella se quedó. Cuando la respuesta parecía ser que no, ella siguió confiando.
A veces, cuando oramos, parece que Dios guarda silencio. A veces parece que la respuesta es no. Pero esta madre valiente nos enseña algo: sigue acercándote a Jesús. Sigue pidiendo. Sigue confiando. A Jesús le encanta la fe que no se rinde.
Piénsalo: ¿Qué crees que hizo que esta mujer siguiera pidiendo, aunque parecía que Jesús no le respondía?
Inténtalo: ¿Hay alguna oración que dejaste de hacer porque parecía que no pasaba nada? Vuelve a orar por eso hoy, con una fe que no se rinde.
Querido Jesús, dame una fe como la de esta madre valiente, una fe que no se rinde. Cuando parezca que guardas silencio, ayúdame a seguir pidiendo y a seguir confiando. Gracias porque te encanta responder a la fe. En tu nombre, amén.
Capítulo 28 completado
Día 27 — Una fe que no se rendía