Capítulo 19 · 3 min de lectura · 3 min de escucha
Día 18 — Sirve con alegría
«Servid al Señor con alegría; venid ante su presencia con cantos de júbilo.»
— Salmo 100:2
¿Alguna vez te han pedido que ayudes con algo y lo hiciste, pero con cara de enojo y muchos suspiros? Bueno. Vacío el lavaplatos. Uf.
Técnicamente, serviste. Pero tu corazón no estaba ahí.
El Salmo 100 dice: «Servid al Señor con alegría». No refunfuñando. No quejándote. No suspirando. Con alegría, con gozo y con un corazón feliz.
Eso no quiere decir que tengas que amar cada tarea o emocionarte con cada trabajo. Quiere decir que puedes elegir tu actitud. Servir a Dios y a los demás puede salir de un corazón alegre, porque recuerdas a quién estás sirviendo de verdad.
Esta semana conociste a mujeres que sirvieron de muchas maneras distintas. Febe, que fue una gran ayuda para muchos. Priscila, que abrió su casa y ayudó a otros con amabilidad. Dorcas, que usó su aguja para amar a las viudas. La suegra de Pedro, que sirvió por agradecimiento. Y la viuda de Sarepta, que dio aun cuando le costaba. Ninguna de ellas sirvió para llamar la atención. Sirvieron porque amaban a Dios y a las personas.
Aquí tienes algunas maneras de servir con alegría:
- Recuerda a quién sirves. Cuando ayudas a tu familia, a tus amigas o a tu iglesia, en realidad estás sirviendo a Dios.
- Cambia tus palabras. En vez de «¿Tengo que hacerlo?», prueba con «¡Claro, yo te ayudo!».
- ¡Canta mientras trabajas! «Venid ante su presencia con cantos de júbilo». La música puede hacer que las tareas se sientan más ligeras.
- Busca la alegría. Fíjate en cómo tu ayuda le alegra el día a alguien.
- Sirve sin que te lo pidan. ¡Es mucho más divertido sorprender a alguien que que te lo tengan que repetir mil veces!
Y aquí va un secreto: cuanto más sirves con alegría, más alegría sientes. El gozo crece cuando se regala.
Una historia real: Ida Scudder creció en una familia de misioneros en la India, y estaba segura de que no quería esa vida. Pero una noche, tres hombres llamaron a la puerta de sus padres, uno tras otro, y cada uno pedía ayuda para su esposa, que estaba muy enferma mientras daba a luz. Sus costumbres no permitían que un hombre la atendiera, y no había mujeres médicas. Esa noche, las tres mujeres murieron. Ida no pudo dormir, y por la mañana supo que Dios la llamaba a servir. Estudió y llegó a ser una de las primeras mujeres médicas de su época, volvió a la India y construyó un hospital y una escuela de medicina para formar a mujeres indias como médicas y enfermeras. Se salvaron miles de vidas. Puedes leer su historia completa en Valientes por Dios.
Piénsalo: ¿Qué tarea sueles hacer de mal humor? ¿Cómo podrías hacerla con alegría?
Inténtalo: Haz hoy una tarea con un corazón alegre. ¡Canta una canción mientras la haces, y hazla sin que te lo pidan!
Querido Dios, quiero servirte con alegría, no refunfuñando. Ayúdame a recordar que cuando sirvo a los demás, te estoy sirviendo a ti. Dame un corazón alegre en las tareas pequeñas y en las grandes. En el nombre de Jesús, amén.
Capítulo 19 completado
Día 18 — Sirve con alegría