Hijas del Rey – 30 días con Dios para chicas – Libro 2
Día 11 — De dónde viene la ayuda

Capítulo 12 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Día 11 — De dónde viene la ayuda

«Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra.»

— Salmo 121:1–2

¿Alguna vez te has esforzado muchísimo por hacer algo tú sola, aunque necesitabas ayuda? Quizá estuviste atascada con un problema de matemáticas durante una hora entera antes de preguntarle a tu papá. Quizá intentaste arreglar un problema con una amiga por tu cuenta y lo empeoraste. Quizá estuviste triste mucho tiempo, pero no se lo contaste a nadie porque no querías molestar.

Pedir ayuda puede ser difícil. Algunas chicas sienten vergüenza. Otras piensan que deberían poder con todo. Otras no quieren parecer débiles o necesitadas.

Pero pedir ayuda en realidad es valiente. Y es sabio.

El que escribió el Salmo 121 iba de viaje, seguramente caminando a Jerusalén para una fiesta. El camino pasaba por montes donde podían esconderse ladrones. Él levantó la vista hacia los montes y se preguntó «¿de dónde vendrá mi socorro?».

Y él mismo respondió a su pregunta: «Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra.» El mismo Dios que hizo todo el universo era quien lo ayudaba. Y también es el que te ayuda a ti.

Dios nos ayuda de muchas maneras. A veces responde nuestras oraciones directamente. Y muchas veces nos envía su ayuda a través de personas. Por eso te dio padres, abuelos, maestros, pastores, entrenadores, orientadores y amigas.

Cuando le pides ayuda a un adulto, no te estás saltando a Dios. ¡Estás recibiendo la ayuda que él te envía!

Estos son momentos en los que es muy importante pedir ayuda:

  • Cuando estás atascada y no consigues entender algo.
  • Cuando llevas mucho tiempo triste o preocupada.
  • Cuando una amiga te cuenta algo peligroso, como que alguien le está haciendo daño, o que ella podría hacerse daño.
  • Cuando alguien te acosa.
  • Cuando te has equivocado y no sabes cómo arreglarlo.
  • Cuando no te sientes segura.

No tienes que enfrentarte a la vida tú sola. Dios no te hizo para eso. Mira hacia arriba, como hizo el salmista, y luego extiende la mano y pide ayuda.

Piénsalo: ¿Te cuesta pedir ayuda? ¿Por qué crees que te pasa eso?

Inténtalo: Piensa en algo con lo que has estado luchando tú sola. Pídele ayuda a alguien con eso hoy mismo.

Querido Dios, mi socorro viene de ti, que hiciste los cielos y la tierra. Gracias por las personas que has puesto en mi vida para ayudarme. Dame valentía para pedir ayuda cuando la necesite, y para no intentar cargar con todo yo sola. En el nombre de Jesús, amén.

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