Hijas del Rey – 30 días con Dios para chicas – Libro 1
Conclusión: Amada

Capítulo 32 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Conclusión: Amada

¡Llegaste al final de los 30 días! Bien hecho, hija del Rey.

Recordemos dónde empezamos. En la primera página leíste la promesa de Dios: «Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso».

Eso es lo que eres. No la chica del espejo. No tus notas, ni tu ropa, ni cuántas amigas tienes. No las cosas feas que la gente pueda decir, ni las cosas feas que tú misma te puedas decir. Eres la hija amada de Dios.

Aprendiste que Dios sabe tu nombre y que te hizo a propósito. Que él mira tu corazón, no tu apariencia. Que compararte con otras chicas es una trampa, y que estar contenta te hace libre. Que la amistad de verdad es leal, amable, sin dramas y lleva a Jesús. Que Dios siempre ha usado a chicas y mujeres valientes: Miriam, Débora, Abigail, Rahab, una muchacha que servía y cuyo nombre ni siquiera conocemos, y María. Y que lo más hermoso de cualquier chica es un corazón que ama a Dios.

También conociste a mujeres reales que confiaron en Dios de maneras asombrosas: Amy Carmichael, Gladys Aylward, Corrie ten Boom, Mary Slessor y Mary Jones. No eran perfectas, y no siempre se sentían valientes. Pero sabían a quién pertenecían.

Y tú también lo sabes.

Si todavía no has confiado en Jesús

Llegas a ser hija del Rey cuando confías en Jesús. Él murió en la cruz para llevar el castigo por tus pecados, y resucitó. Te ofrece el perdón y un lugar en la familia de Dios para siempre, como un regalo gratis. Puedes orar algo así:

Querido Jesús, creo que eres el Hijo de Dios. Creo que moriste en la cruz por mis pecados y que resucitaste. Me arrepiento de las cosas malas que he hecho. Confío en ti como mi Salvador, y quiero seguirte. Gracias por hacerme hija del Rey. Amén.

Si hiciste esa oración, por favor cuéntaselo a alguien: a tu mamá o a tu papá, a un pastor, a una líder o a una amiga cristiana. ¡Querrán celebrarlo contigo!

Lo que viene

En el Libro 2 de Hijas del Rey, aprenderás a ser valiente: cómo enfrentar la preocupación y la ansiedad, cómo usar tu voz, cómo servir y dirigir, y cómo seguir a Jesús como las mujeres que se quedaron con él hasta la cruz y la tumba vacía.

Hasta entonces, cada vez que se te olvide quién eres, abre tu diario, lee la carta que te escribiste y recuerda: eres amada.

«A él miraron y fueron alumbrados, y sus rostros no se avergonzaron».

— Salmo 34:5

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