Corrie ten Boom (Para niños)
La Cuna de los Ángeles

Capítulo 5 · 2 min de lectura · 2 min de escucha

La Cuna de los Ángeles

“Tú eres mi escondite. Me guardas de los problemas, y me rodeas de cantos.” — del Salmo 32

Para 1943 siempre había personas escondidas viviendo en el Beje. El primero en quedarse fue un estudiante llamado Hans. Entre los demás estaban un cantor judío, un hombre que cantaba en la sinagoga, al que todos llamaban Eusie, y una señora llamada Mary. A lo largo de los meses, más de ochenta personas se quedaron allí, unas poco tiempo y otras mucho.

Todas las personas escondidas necesitaban comida, y en tiempos de guerra la comida solo se podía comprar con unas tarjetas especiales de racionamiento. Corrie encontró maneras de conseguir tarjetas para gente escondida por toda la ciudad. ¡Las guardaba en un armarito secreto dentro del último escalón de la escalera!

La familia también necesitaba un lugar donde esconder a sus invitados si venía la policía. Un arquitecto que trabajaba con la resistencia secreta vino a ayudar. Solo lo conocemos por un nombre inventado, el señor Smit. En el dormitorio de Corrie, en lo más alto de la casa, construyó una segunda pared de ladrillo, hecha para que pareciera vieja, con un espacio estrecho detrás. Se entraba gateando por una puertecita corrediza que había debajo del estante más bajo de un armario. La familia lo llamaba la Cuna de los Ángeles.

Luego practicaron. Corrie hacía sonar el timbre sin avisar, muchas veces de noche, y cronometraba a todos mientras subían corriendo y entraban gateando por la puertecita. Su mejor tiempo fue de setenta segundos. ¡Después había pastelitos de crema para todos!

El Beje no era una casa triste. Había música, y Eusie cantaba tan fuerte que Corrie tenía que avisarle que lo iba a oír toda la calle. Por las tardes Mary enseñaba italiano, Eusie enseñaba hebreo y Hans enseñaba sobre las estrellas, y el viejo papá también venía a aprender. ¡Hasta el gato de la familia tenía un nombre larguísimo sacado de la Biblia: Maher-salal-hasbaz!

El cuarto secreto era un buen escondite. Pero los ten Boom sabían que su verdadero escondite era Dios mismo. Como Dios los estaba cuidando, podían reír y cantar, incluso en tiempos peligrosos. Dios también puede ser tu escondite.

Querido Dios, gracias porque tú eres mi escondite. Cuando tenga miedo, ayúdame a recordar que tú me estás cuidando. Amén.

Conversen juntos

Hagan primero las preguntas; luego toquen una para ver una nota para los adultos.

¿Dónde estaba el cuarto secreto, y cómo se entraba?

Detrás de una pared falsa de ladrillo en el dormitorio de Corrie, en lo más alto de la casa. Se entraba gateando por una puertecita corrediza debajo del estante más bajo de un armario.

¿Qué pasaba después de practicar cómo esconderse?

Corrie les daba pastelitos de crema a todos. Su mejor tiempo fue de setenta segundos.

¿Qué te ayuda a sentirte seguro cuando tienes miedo?

Cualquier respuesta sincera está bien. La idea del capítulo: Dios mismo es nuestro escondite más seguro, así que podemos confiar en él incluso en momentos que dan miedo.

Capítulo 5 completado

La Cuna de los Ángeles

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