Capítulo 2 · 37 min de lectura
El mes de enero
1 de enero
LA PRIMERA PROMESA DE LA BIBLIA
«Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.» Génesis 3:15
Esta es la primera promesa hecha al hombre caído. Contiene todo el evangelio y la esencia del pacto de gracia. En gran medida ya se ha cumplido. La simiente de la mujer, es decir, nuestro Señor Jesús, fue herida en el calcañar, y fue una herida terrible. ¡Cuán terrible será la herida final en la cabeza de la serpiente! Esto se hizo virtualmente cuando Jesús quitó el pecado, venció a la muerte y quebrantó el poder de Satanás; pero aguarda un cumplimiento aún más pleno en la Segunda Venida de nuestro Señor y en el Día del Juicio. Para nosotros la promesa queda como una profecía de que seremos afligidos por los poderes del mal en nuestra naturaleza inferior, y así heridos en el calcañar; pero triunfaremos en Cristo, quien pone su pie sobre la cabeza de la vieja serpiente. A lo largo de este año quizá tengamos que aprender la primera parte de esta promesa por experiencia, mediante las tentaciones del diablo y la crueldad de los impíos, que son su simiente. Tal vez nos hieran de tal modo que cojeemos por el calcañar lastimado; pero asgámonos de la segunda parte del texto, y no nos desanimaremos. Por la fe, regocijémonos de que aún reinaremos en Cristo Jesús, la simiente de la mujer.
2 de enero
DE LA CONQUISTA A LA VICTORIA
«Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies.» Romanos 16:20
Esta promesa sigue bien a la de ayer. Es evidente que hemos de ser conformados a nuestra Cabeza del pacto, no solo en ser herida en su calcañar, sino en su conquista del maligno. Aun bajo nuestros pies ha de ser aplastado el viejo dragón. Los creyentes de Roma estaban afligidos por las contiendas en la iglesia; pero su Dios era “el Dios de paz”, y les dio reposo del alma. El archienemigo hacía tropezar los pies de los incautos y engañaba los corazones de los sencillos; pero le tocaría llevar la peor parte y ser pisoteado por aquellos a quienes había atribulado. Esta victoria no le vendría al pueblo de Dios por su propia destreza o poder, sino que Dios mismo aplastaría a Satanás. Aunque sería bajo sus pies, el aplastamiento sería solo del Señor.
¡Pisoteemos con valentía al tentador! No solo los espíritus inferiores, sino el mismo Príncipe de las tinieblas ha de caer delante de nosotros. Con confianza incuestionable en Dios, esperemos una pronta victoria. “EN BREVE”. ¡Palabra dichosa! ¡En breve pondremos nuestro pie sobre la vieja serpiente! ¡Qué gozo aplastar el mal! ¡Qué deshonra para Satanás que su cabeza sea herida por pies humanos! Por la fe en Jesús, pisoteemos al tentador.
3 de enero
DESCANSE SOBRE UNA PROMESA
«La tierra en que estás acostado, te la daré a ti.» Génesis 28:13
Ninguna promesa es de interpretación privada: no pertenece a un solo santo, sino a todos los creyentes. Si usted, hermano, puede por la fe recostarse sobre una promesa y hallar en ella su reposo, es suya. Donde Jacob se detuvo, y se quedó, y descansó, allí tomó posesión. Al tenderse cuan largo era sobre el suelo, con las piedras de aquel lugar por almohadas, poco imaginaba que así entraba en la posesión de la tierra; y sin embargo así fue. Vio en su sueño aquella maravillosa escalera que, para todos los verdaderos creyentes, une la tierra con el cielo; y sin duda, donde estaba el pie de la escalera, allí debía tener él derecho al suelo, pues de otro modo no podría alcanzar la escalinata divina. Todas las promesas de Dios son Sí y Amén en Cristo Jesús; y como Él es nuestro, toda promesa es nuestra si tan solo nos recostamos sobre ella con fe descansada.
Venga, usted que está cansado, y use las palabras de su Señor como almohadas. Recuéstese en paz. Sueñe solo con Él. Jesús es su escalera de luz. Vea a los ángeles subir y bajar por Él entre su alma y su Dios; y esté seguro de que la promesa es su propia porción dada por Dios, y que no será robo que usted la tome para sí, como dicha especialmente para usted.
4 de enero
EN CALMADO REPOSO
«Haré que reposen seguros.» Oseas 2:18
Sí, los santos han de tener paz. El pasaje de donde se toma esta bondadosa palabra habla de paz “con las bestias del campo, con las aves del cielo y con las serpientes de la tierra”. ¡Esta es paz con los enemigos terrenales, con los males misteriosos y con las pequeñas molestias! Cualquiera de estas cosas podría impedirnos reposar, pero ninguna lo hará. El Señor destruirá por completo aquello que amenaza a su pueblo: “Y quebraré arco y espada y guerra de la tierra”. La paz será en verdad profunda cuando todos los instrumentos de inquietud estén hechos pedazos.
Con esta paz vendrá el descanso. “Pues que a su amado dará Dios el sueño”. Plenamente provistos y divinamente aquietados, los creyentes se recuestan en calmado reposo.
Este descanso será seguro. Una cosa es recostarse, y otra muy distinta “reposar seguros”. Somos llevados a la tierra de la promesa, la casa del Padre, la cámara del amor y el seno de Cristo: sin duda ahora podemos “reposar seguros”. Es más seguro para el creyente recostarse en paz que quedarse en vela angustiándose.
“En lugares de delicados pastos me hará descansar”. Nunca descansamos hasta que el Consolador nos hace recostar.
5 de enero
UNA GARANTÍA MARAVILLOSA
«Te fortaleceré.» Isaías 41:10
Cuando somos llamados a servir o a sufrir, hacemos recuento de nuestras fuerzas, y las hallamos menores de lo que pensábamos y menores de lo que necesitamos. Pero no desmaye nuestro corazón mientras tengamos una palabra como esta en que apoyarnos, pues nos garantiza todo lo que posiblemente podamos necesitar. Dios tiene fuerza omnipotente; esa fuerza puede comunicárnosla; y su promesa es que lo hará. Él será el alimento de nuestras almas y la salud de nuestros corazones; y así nos dará fuerza. No hay modo de calcular cuánto poder puede Dios poner en un hombre. Cuando llega la fuerza divina, la debilidad humana ya no es un estorbo.
¿No recordamos épocas de trabajo y de prueba en las que recibimos una fuerza tan especial que nos asombrábamos de nosotros mismos? En medio del peligro estábamos serenos; bajo el duelo, resignados; ante la calumnia, dueños de nosotros mismos; y en la enfermedad, pacientes. El hecho es que Dios da fuerza inesperada cuando nos sobrevienen pruebas insólitas. Nos levantamos por encima de nuestro yo débil. Los cobardes se portan como valientes, a los insensatos les es dada sabiduría, y los silenciosos reciben en aquella misma hora lo que han de hablar. Mi propia debilidad me hace encoger, pero la promesa de Dios me hace valiente. Señor, fortaléceme “conforme a tu palabra”.
6 de enero
AYUDA DESDE FUERA
«Sí, te ayudaré.» Isaías 41:10
La promesa de ayer nos aseguraba fuerza para lo que tenemos que hacer, pero esta nos garantiza auxilio en los casos en que no podemos actuar solos. El Señor dice: “Yo te ayudaré”. La fuerza interior se complementa con la ayuda exterior. Dios puede levantarnos aliados en nuestra guerra si así le parece bien; y aun si no nos envía auxilio humano, Él mismo estará a nuestro lado, y esto es todavía mejor. “Nuestro Augusto Aliado” vale más que legiones de auxiliadores mortales.
Su ayuda es oportuna: Él es nuestro pronto auxilio en el tiempo de la angustia. Su ayuda es sabia: Él sabe dar a cada hombre la ayuda apropiada y adecuada para él. Su ayuda es sumamente eficaz, aunque vana es la ayuda del hombre. Su ayuda es más que ayuda, pues Él lleva toda la carga y suple toda la necesidad. “El Señor es mi ayudador; no temeré. ¿Qué me puede hacer el hombre?”.
Como Él ya ha sido nuestra ayuda, sentimos confianza en Él para el presente y el futuro. Nuestra oración es: “Señor, sé tú mi ayudador”; nuestra experiencia es: “el Espíritu también ayuda nuestra debilidad”; nuestra expectación es: “Alzaré mis ojos a los montes, de donde viene mi socorro”; y nuestro canto pronto será: “Tú, Señor, me ayudaste”.
7 de enero
SIEMPRE CRECIENDO
«Cosas mayores que estas verás.» Juan 1:50
Esto se dice a un creyente de corazón sencillo, que estaba dispuesto a aceptar a Jesús como el Hijo de Dios, el Rey de Israel, ante un solo argumento convincente. Los que están dispuestos a ver, verán; es porque cerramos los ojos que nos volvemos tan tristemente ciegos.
Ya hemos visto mucho. Cosas grandes e inescrutables nos ha mostrado el Señor, por las cuales alabamos su nombre; pero hay verdades mayores en su Palabra, mayores profundidades de experiencia, mayores alturas de comunión, mayores obras de utilidad, mayores descubrimientos de poder, de amor y de sabiduría. Estas todavía las hemos de ver si estamos dispuestos a creer a nuestro Señor. La facultad de inventar falsas doctrinas es ruinosa, pero el poder de ver la verdad es una bendición. El cielo nos será abierto, el camino hacia él nos será aclarado en el Hijo del Hombre, y el tráfico angélico que va y viene entre los reinos de arriba y de abajo se nos hará más manifiesto. Mantengamos los ojos abiertos hacia los objetos espirituales, y esperemos ver cada vez más. Creamos que nuestras vidas no se reducirán a la nada, sino que estaremos siempre en aumento, viendo cosas cada vez mayores, hasta que contemplemos al Gran Dios mismo, y nunca más perdamos de vista su presencia.
8 de enero
PUREZA DE CORAZÓN Y DE VIDA
«Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.» Mateo 5:8
La pureza, y aun la pureza del corazón, es lo principal que se ha de buscar. Necesitamos ser limpiados por dentro mediante el Espíritu y la Palabra, y entonces seremos limpios por fuera mediante la consagración y la obediencia. Hay una estrecha conexión entre los afectos y el entendimiento: si amamos el mal, no podemos entender lo bueno. Si el corazón está sucio, el ojo estará empañado. ¿Cómo pueden ver a un Dios santo los hombres que aman las cosas impuras?
¡Qué privilegio es ver a Dios aquí! ¡Un vislumbre de Él es ya el cielo en la tierra! En Cristo Jesús, los de limpio corazón contemplan al Padre. Le vemos a Él, su verdad, su amor, su propósito, su soberanía, su carácter de pacto; sí, le vemos a Él mismo en Cristo. Pero esto solo se percibe en la medida en que el pecado se mantiene fuera del corazón. Solo quienes aspiran a la piedad pueden clamar: “Mis ojos están siempre hacia el Señor”. El deseo de Moisés, “Te ruego que me muestres tu gloria”, solo puede cumplirse en nosotros a medida que nos purificamos de toda iniquidad. “Le veremos tal como él es”; y “todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo”. El disfrute de la comunión presente y la esperanza de la visión bienaventurada son motivos apremiantes para la pureza de corazón y de vida. ¡Señor, haznos limpios de corazón, para que te veamos a ti!
9 de enero
GANAR DANDO
«El alma liberal será engordada.» Proverbios 11:25
Si deseo florecer en el alma, no debo atesorar mis provisiones, sino repartir al pobre. Ser cerrado y mezquino es el camino del mundo hacia la prosperidad, pero no es el camino de Dios, pues Él dice: “Hay quien reparte, y le es añadido más; y hay quien retiene más de lo justo, y viene a pobreza”. La manera de ganar que tiene la fe es dar. He de probarlo una y otra vez; y puedo esperar que toda la prosperidad que me convenga me venga como recompensa de gracia por una conducta generosa.
Por supuesto, no puedo estar seguro de hacerme rico. Seré engordado, pero no en exceso. Demasiadas riquezas podrían volverme tan pesado como suelen serlo las personas corpulentas, y causarme la dispepsia de la mundanalidad, y quizá provocarme una degeneración grasa del corazón. No; si estoy lo bastante nutrido para gozar de salud, bien puedo darme por satisfecho; y si el Señor me concede lo suficiente, puedo quedar plenamente contento.
Pero hay una robustez mental y espiritual que codiciaría en gran manera, y estas vienen como resultado de pensamientos generosos hacia mi Dios, su iglesia y mis semejantes. Que yo no escatime, no sea que mate de hambre mi corazón. Sea yo dadivoso y generoso, pues así seré semejante a mi Señor. Él se dio a sí mismo por mí: ¿le he de regatear cosa alguna?
10 de enero
LA RECOMPENSA DIVINA
«El que saciare, él también será saciado.» Proverbios 11:25
Si considero cuidadosamente a los demás, Dios me considerará a mí; y de un modo u otro me recompensará. Que yo considere al pobre, y el Señor me considerará a mí. Que yo cuide de los niños pequeños, y el Señor me tratará como a su hijo. Que yo apaciente su rebaño, y Él me apacentará a mí. Que yo riegue su huerto, y Él hará de mi alma un huerto de riego. Esta es la propia promesa del Señor; sea mío cumplir la condición, y luego esperar su cumplimiento.
Puedo preocuparme por mí mismo hasta volverme enfermizo; puedo vigilar mis propios sentimientos hasta no sentir nada; y puedo lamentar mi propia debilidad hasta quedar casi demasiado débil para lamentarme. Me será mucho más provechoso volverme desinteresado y, por amor a mi Señor Jesús, empezar a cuidar de las almas de quienes me rodean. Mi cisterna está quedando muy baja; no viene lluvia fresca a llenarla; ¿qué haré? Quitaré el tapón y dejaré correr su contenido para regar las plantas marchitas que me rodean. ¿Qué es lo que veo? Mi cisterna parece llenarse a medida que se vacía. Un manantial secreto está obrando. Mientras todo estaba estancado, el manantial fresco estaba sellado; pero a medida que mis reservas se derraman para regar a otros, el Señor piensa en mí. ¡Aleluya!
11 de enero
LA FE VE EL ARCO
«Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces el arco en las nubes.» Génesis 9:14
Ahora mismo las nubes abundan bastante, pero no tememos que el mundo sea destruido por un diluvio. Vemos el arco iris con la frecuencia suficiente para no albergar tales temores. El pacto que el Señor hizo con Noé permanece firme, y no tenemos dudas al respecto. ¿Por qué, entonces, habríamos de pensar que las nubes de aflicción que ahora oscurecen nuestro cielo terminarán en nuestra destrucción? Desechemos tales temores infundados y deshonrosos.
La fe siempre ve el arco de la promesa del pacto cada vez que los sentidos ven la nube de la aflicción. Dios tiene un arco con el que podría disparar sus flechas de destrucción; pero ¡mire! está vuelto hacia arriba. Es un arco sin flecha ni cuerda; es un arco colgado para ser exhibido, ya no usado para la guerra. Es un arco de muchos colores, que expresa gozo y deleite, y no un arco rojo de sangre por la matanza, ni negro de ira. Tengamos buen ánimo. Nunca oscurece Dios de tal modo nuestro cielo que deje su pacto sin testigo; y aunque así lo hiciera, confiaríamos en Él, pues no puede cambiar, ni mentir, ni de ningún otro modo dejar de guardar su pacto de paz. Hasta que las aguas vuelvan a cubrir la tierra, no tendremos razón para dudar de nuestro Dios.
12 de enero
«AMOR HASTA EL FIN»
«Porque el Señor no desecha para siempre.» Lamentaciones 3:31
Puede desechar por una temporada, pero no para siempre. Una mujer puede dejar a un lado sus adornos por unos días, pero no los olvidará ni los arrojará al muladar. No es propio del Señor desechar a aquellos a quienes ama; pues, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”. Algunos hablan de que estamos en la gracia y fuera de ella, como si fuéramos conejos que entran y salen de sus madrigueras; pero, en verdad, no es así. El amor del Señor es un asunto mucho más serio y permanente que eso.
Nos escogió desde la eternidad, y nos amará por toda la eternidad. Nos amó hasta morir por nosotros, y por eso podemos estar seguros de que su amor nunca morirá. Su honra está tan ligada a la salvación del creyente, que ya no puede desecharlo, así como no puede despojarse de sus propias vestiduras de oficio como Rey de gloria. ¡No, no! El Señor Jesús, como Cabeza, nunca desecha a sus miembros; como Esposo, nunca desecha a su esposa.
¿Pensó usted que había sido desechado? ¿Por qué pensó tan mal del Señor que le ha desposado consigo mismo? Deseche tales pensamientos, y nunca más los deje anidar en su alma. “No ha desechado Dios a su pueblo, al cual antes conoció” (Romanos 11:2). “Él aborrece el repudio” (Malaquías 2:16).
13 de enero
NUNCA ECHADO FUERA
«Al que a mí viene, no le echo fuera.» Juan 6:37
¿Hay algún caso en que nuestro Señor haya echado fuera a uno que venía a Él? Si lo hubiera, quisiéramos saberlo; pero no lo ha habido, y nunca lo habrá. Entre las almas perdidas en el infierno no hay una sola que pueda decir: “Fui a Jesús, y me rechazó”. No es posible que usted o yo seamos los primeros a quienes Jesús falte a su palabra. No abriguemos sospecha tan sombría.
Supongamos que vamos ahora a Jesús con los males del día de hoy. De esto podemos estar seguros: no nos negará audiencia ni nos echará fuera. Los que hemos ido muchas veces, y los que nunca hemos ido antes, vayamos juntos, y veremos que Él no cerrará la puerta de su gracia en el rostro de ninguno de nosotros.
“Este a los pecadores recibe”, pero a ninguno rechaza. Venimos a Él en debilidad y pecado, con fe temblorosa, escaso conocimiento y frágil esperanza; pero Él no nos echa fuera. Venimos con oración, y esa oración entrecortada; con confesión, y esa confesión defectuosa; con alabanza, y esa alabanza muy por debajo de sus méritos; y sin embargo nos recibe. Venimos enfermos, contaminados, agotados y sin valor; pero Él de ningún modo nos echa fuera. Vengamos otra vez hoy a Aquel que nunca nos echa fuera.
14 de enero
EL DESCANSO ES UN DON
«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» Mateo 11:28
Los que somos salvos hallamos descanso en Jesús. Los que no son salvos recibirán descanso si vienen a Él, pues aquí Él promete “darlo”. Nada hay más libre que un don; aceptemos con gozo lo que Él da con gozo. Usted no ha de comprarlo, ni pedirlo prestado, sino recibirlo como un don. Usted trabaja bajo el látigo de la ambición, la codicia, la concupiscencia o la ansiedad: Él le librará de esta esclavitud de hierro y le dará descanso. Usted está “cargado”; sí, “trabajado y cargado” de pecado, temor, cuidado, remordimiento y miedo a la muerte; pero si viene a Él, Él le descargará. Él llevó la masa aplastante de nuestro pecado, para que ya no la llevemos nosotros. Se hizo a sí mismo el gran Portador de la carga, para que todo el que está trabajado y cargado dejara de encorvarse bajo la enorme presión.
Jesús da descanso. Así es. ¿Lo creerá usted? ¿Lo pondrá a prueba? ¿Lo hará de inmediato? Venga a Jesús, abandonando toda otra esperanza, pensando en Él, creyendo el testimonio de Dios acerca de Él y confiándole todo a Él. Si usted viene así a Él, el descanso que Él le dará será profundo, seguro, santo y eterno. Él da un descanso que se desarrolla hasta convertirse en el cielo, y lo da hoy mismo a todos los que vienen a Él.
15 de enero
ENRIQUECIDOS POR LA FE
«Porque no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente.» Salmos 9:18
La pobreza es una herencia dura; pero los que confían en el Señor son enriquecidos por la fe. Saben que no están olvidados de Dios; y aunque parezca que son pasados por alto en su providencial reparto de los bienes, esperan un tiempo en que todo esto será enderezado. Lázaro no yacerá siempre entre los perros a la puerta del rico, sino que tendrá su recompensa en el seno de Abraham.
Aun ahora el Señor se acuerda de sus hijos pobres, pero preciosos. “Yo estoy afligido y necesitado, pero el Señor pensará en mí”, dijo uno de los antiguos; y así es. Los piadosos pobres tienen grandes expectativas. Esperan que el Señor les provea todo lo necesario para esta vida y la piedad; esperan ver que todas las cosas obran para su bien; esperan gozar de una comunión más íntima con su Señor, que no tuvo dónde recostar la cabeza; esperan su Segunda Venida y compartir su gloria. Esta expectación no puede perecer, pues está guardada en Cristo Jesús, que vive para siempre; y porque Él vive, ella también vivirá. El santo pobre entona muchos cánticos que el pecador rico no puede entender. Por tanto, cuando tengamos escasa provisión aquí abajo, pensemos en la mesa real de arriba.
16 de enero
AUN EL CLAMOR MÁS DÉBIL
«Y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo.» Joel 2:32
¿Por qué no invoco su nombre? ¿Por qué corro a este vecino y a aquel, cuando Dios está tan cerca y oirá mi clamor más débil? ¿Por qué me siento a idear planes e inventar estrategias? ¿Por qué no arrojo de una vez sobre el Señor mi carga y a mí mismo? El más recto es el mejor corredor: ¿por qué no corro de inmediato al Dios vivo? En vano buscaré liberación en cualquier otra parte; pero con Dios la hallaré, pues aquí tengo su regio “SERÁ” para asegurarla.
No necesito preguntar si puedo invocarle o no, pues aquella palabra “Todo aquel” es muy amplia y comprensiva. “Todo aquel” me incluye a mí, pues significa cualquiera y todos los que invocan a Dios. Seguiré, por tanto, la dirección del texto, e invocaré de inmediato al glorioso Señor que ha hecho promesa tan grande.
Mi caso es urgente, y no veo cómo he de ser librado; pero esto no es asunto mío. Aquel que hace la promesa hallará los modos y los medios de cumplirla. A mí me toca obedecer sus mandatos; no me toca dirigir sus consejos. Soy su siervo, no su abogado. Le invoco, y Él me librará.
17 de enero
UN HOMBRE SIN TEMOR
«Y él dijo: Ciertamente yo estaré contigo.» Éxodo 3:12
Por supuesto, si el Señor enviaba a Moisés a una misión, no le dejaría ir solo. El tremendo riesgo que ello entrañaría, y el gran poder que requeriría, harían ridículo que Dios enviara a un pobre hebreo solitario a enfrentarse con el rey más poderoso del mundo entero, y luego lo dejara librado a sí mismo. No podría imaginarse que un Dios sabio enfrentara al pobre Moisés con Faraón y las enormes fuerzas de Egipto. Por eso dice: “Ciertamente yo estaré contigo”, como si estuviera fuera de toda cuestión que lo enviara solo.
También en mi caso valdrá la misma regla. Si voy a la misión del Señor, con una sencilla confianza en su poder y con la mira puesta únicamente en su gloria, es seguro que Él estará conmigo. El que me envía se obliga a respaldarme. ¿No basta con esto? ¿Qué más puedo desear? Si todos los ángeles y arcángeles estuvieran conmigo, aún podría fracasar; pero si ÉL está conmigo, he de triunfar. Solo cuídeme yo de obrar dignamente ante esta promesa. Que no vaya con timidez, a medias, con descuido ni con presunción. ¡Qué clase de persona debe ser aquel que tiene a Dios consigo! En tal compañía me corresponde portarme como hombre y, como Moisés, presentarme ante Faraón sin temor.
18 de enero
CRISTO Y SUS HIJOS
«Cuando hayas puesto su vida en expiación por el pecado, verá su descendencia.» Isaías 53:10
Nuestro Señor Jesús no ha muerto en vano. Su muerte fue sacrificial: murió como nuestro sustituto, porque la muerte era la pena de nuestros pecados; y porque su sustitución fue aceptada por Dios, ha salvado a aquellos por quienes hizo de su alma un sacrificio. Por la muerte llegó a ser semejante al grano de trigo que lleva mucho fruto. Ha de haber una sucesión de hijos para Jesús; Él es “el Padre del siglo venidero”. Él dirá: “He aquí, yo y los hijos que Dios me dio”.
El hombre es honrado en sus hijos, y Jesús tiene su aljaba llena de estas saetas del poderoso. El hombre está representado en sus hijos, y así lo está el Cristo en los cristianos. En su descendencia parece prolongarse y extenderse la vida del hombre; y así se continúa la vida de Jesús en los creyentes.
Jesús vive, pues ve su descendencia. Fija en nosotros su mirada, se deleita en nosotros, nos reconoce como el fruto de la aflicción de su alma. Alegrémonos de que nuestro Señor no deje de gozar el resultado de su tremendo sacrificio, y de que nunca cese de deleitar sus ojos en la cosecha de su muerte. Aquellos ojos que una vez lloraron por nosotros, ahora nos contemplan con placer. Sí, Él mira a los que le miran a Él. ¡Nuestros ojos se encuentran! ¡Qué gozo es este!
19 de enero
CONFESIÓN CON LA BOCA; CREENCIA EN EL CORAZÓN
«Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.» Romanos 10:9
Ha de haber confesión con la boca. ¿La he hecho yo? ¿He declarado abiertamente mi fe en Jesús como el Salvador a quien Dios ha resucitado de los muertos, y lo he hecho a la manera de Dios? Que responda yo con honradez a esta pregunta.
Ha de haber también creencia con el corazón. ¿Creo yo sinceramente en el Señor Jesús resucitado? ¿Confío en Él como mi única esperanza de salvación? ¿Es esta confianza de todo mi corazón? Que responda yo como delante de Dios.
Si puedo afirmar de veras que he confesado a Cristo y he creído en Él, entonces soy salvo. El texto no dice que quizá sea así, sino que es claro como el agua y evidente como el sol en los cielos: “Serás salvo”. Como creyente y confesor, puedo poner mi mano sobre esta promesa y alegarla ante el Señor Dios en este momento, y a lo largo de la vida, y en la hora de la muerte, y en el día del juicio.
He de ser salvo de la culpa del pecado, del poder del pecado, del castigo del pecado y, finalmente, del ser mismo del pecado. Dios lo ha dicho: “Serás salvo”. Lo creo. Seré salvo: soy salvo. ¡Gloria sea a Dios por los siglos de los siglos!
20 de enero
EL VENCEDOR
«Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.» Apocalipsis 2:7
Ningún hombre puede volver la espalda en el día de la batalla, ni rehusar ir a la guerra santa. Debemos pelear si queremos reinar, y hemos de proseguir la guerra hasta vencer a todo enemigo, pues de lo contrario esta promesa no es para nosotros, ya que es solo para “el que venciere”. Hemos de vencer a los falsos profetas que han venido al mundo, y a todos los males que acompañan su enseñanza. Hemos de vencer nuestro propio desfallecimiento de corazón y nuestra tendencia a apartarnos de nuestro primer amor. Lea toda la palabra del Espíritu a la iglesia de Éfeso.
Si por gracia ganamos la jornada, como la ganaremos si de veras seguimos a nuestro Caudillo conquistador, entonces seremos admitidos al centro mismo del paraíso de Dios, y se nos permitirá pasar junto al querubín y su espada encendida, y llegar a aquel árbol guardado, del cual, si un hombre come, vivirá para siempre. Escaparemos así de aquella muerte sin fin que es la condena del pecado, y alcanzaremos aquella vida eterna que es el sello de la inocencia, el fruto de los principios inmortales de una santidad semejante a la de Dios. ¡Vamos, corazón mío, cobra ánimo! Huir del conflicto será perder los gozos del nuevo y mejor Edén; pelear hasta la victoria es andar con Dios en el Paraíso.
21 de enero
LOS ENEMIGOS DE DIOS SE INCLINARÁN
«Y sabrán los egipcios que yo soy el Señor.» Éxodo 7:5
El mundo impío es difícil de enseñar. Egipto no conoce a Jehová, y por eso se atreve a levantar sus ídolos, y aun osa preguntar: “¿Quién es el Señor?”. Sin embargo, el Señor se propone quebrantar los corazones soberbios, quieran o no. Cuando sus juicios truenan sobre sus cabezas, oscurecen sus cielos, destruyen sus cosechas y matan a sus hijos, comienzan a discernir algo del poder de Jehová. Todavía se harán tales cosas en la tierra que pondrán de rodillas a los escépticos. No nos consternemos por sus blasfemias, pues el Señor sabe cuidar de su propio nombre, y lo hará de un modo muy eficaz.
La salvación de su propio pueblo fue otro medio poderoso para hacer que Egipto supiera que el Dios de Israel era Jehová, el Dios vivo y verdadero. Ningún israelita murió por ninguna de las diez plagas. Ninguno de la simiente escogida se ahogó en el Mar Rojo. Del mismo modo, la salvación de los elegidos, y la segura glorificación de todos los verdaderos creyentes, harán que aun el más obstinado de los enemigos de Dios reconozca que Jehová, Él es el Dios.
¡Oh, que su poder convincente saliera por medio de su Espíritu Santo en la predicación del evangelio, hasta que todas las naciones se inclinen ante el nombre de Jesús y le llamen Señor!
22 de enero
LA LIBERALIDAD CRISTIANA
«Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará el Señor.» Salmos 41:1
Pensar en los pobres y dejar que reposen sobre nuestro corazón es deber del cristiano; pues Jesús los puso con nosotros y cerca de nosotros cuando dijo: “A los pobres siempre los tenéis con vosotros”.
Muchos dan su dinero a los pobres con prisa, sin reflexión; y muchos más no dan nada en absoluto. Esta preciosa promesa pertenece a quienes “piensan” en el pobre, examinan su situación, idean planes para su bien y considerablemente los llevan a cabo. Podemos hacer más con el cuidado que con el dinero, y lo máximo con ambos juntos. A quienes piensan en el pobre, el Señor promete su propia consideración en tiempos de angustia. Él nos sacará de la tribulación si ayudamos a otros cuando están en tribulación. Recibiremos un auxilio providencial muy singular si el Señor ve que procuramos proveer para otros. Tendremos un tiempo de tribulación, por generosos que seamos; pero si somos caritativos, podemos presentar un reclamo por una liberación peculiar, y el Señor no negará su propia palabra y compromiso. Los avaros tacaños que se ayuden a sí mismos, pero a los creyentes considerados y generosos el Señor los ayudará. Como usted haya hecho a otros, así le hará el Señor a usted. Vacíe sus bolsillos.
23 de enero
UN SACRIFICIO CONSUMADO
«Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya.» Levítico 1:4
Si por aquella imposición de su mano el becerro llegaba a ser el sacrificio del oferente, ¿cuánto más llegará a ser Jesús nuestro sacrificio por la imposición de la mano de la fe?
«Mi fe posa su mano
sobre esa querida cabeza tuya,
mientras, cual penitente, estoy en pie,
y allí confieso mi pecado.»
Si un becerro podía ser aceptado para hacer expiación por él, ¿cuánto más será el Señor Jesús nuestra propiciación plena y del todo suficiente? Algunos disputan con la gran verdad de la sustitución; pero, en cuanto a nosotros, es nuestra esperanza, nuestro gozo, nuestra gloria, nuestro todo. Jesús es aceptado por nosotros para hacer expiación por nosotros, y somos “aceptos en el Amado”.
Que el lector cuide de poner de inmediato su mano sobre el sacrificio consumado del Señor, para que, aceptándolo, obtenga su beneficio. Si ya lo ha hecho una vez, que lo haga de nuevo. Si nunca lo ha hecho, que extienda su mano sin un momento de demora. Jesús es suyo ahora, si usted quiere recibirlo. Apóyese en Él; apóyese con firmeza en Él; y Él es suyo sin lugar a duda; usted está reconciliado con Dios, sus pecados son borrados, y usted es del Señor.
24 de enero
EL CUIDADO DE NUESTROS PIES
«Él guardará los pies de sus santos.» 1 Samuel 2:9
El camino es resbaladizo, y nuestros pies son débiles, pero el Señor guardará nuestros pies. Si nos entregamos por fe obediente a ser sus santos, Él mismo será nuestro guardián. No solo mandará a sus ángeles que nos guarden, sino que Él mismo preservará nuestros pasos.
Él guardará nuestros pies de caer, para que no manchemos nuestras vestiduras, ni hiramos nuestras almas, ni hagamos que el enemigo blasfeme.
Él guardará nuestros pies de extraviarse, para que no entremos en sendas de error, ni en caminos de necedad, ni en los rumbos de la costumbre del mundo.
Él guardará nuestros pies de hincharse por el cansancio, o de ampollarse por lo áspero y largo del camino.
Él guardará nuestros pies de herirse: nuestro calzado será de hierro y bronce, de modo que, aunque pisemos el filo de la espada o serpientes mortíferas, no sangraremos ni seremos envenenados.
También sacará nuestros pies de la red. No seremos enredados por el engaño de nuestros enemigos maliciosos y astutos.
Con una promesa como esta, corramos sin cansancio y caminemos sin temor. Aquel que guarda nuestros pies lo hará eficazmente.
25 de enero
ÉL OBRA ANTE LA CONFESIÓN SINCERA
«Él mira a los hombres; y al que dice: Pequé, y pervertí lo recto, y no me aprovechó, Dios redimirá su alma para que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz.» Job 33:27-28
Esta es una palabra de verdad, recogida de la experiencia de un hombre de Dios, y equivale a una promesa. Lo que el Señor ha hecho, y está haciendo, seguirá haciéndolo mientras el mundo exista. El Señor recibirá en su seno a todos los que vienen a Él con una confesión sincera de su pecado; en verdad, siempre está a la mira para descubrir a cualquiera que esté angustiado a causa de sus faltas.
¿No podemos suscribir el lenguaje aquí empleado? ¿No hemos pecado, pecado personalmente hasta poder decir: “Pequé”? ¿Pecado voluntariamente, habiendo pervertido lo que es recto? ¿Pecado hasta descubrir que no hay provecho en ello, sino pérdida eterna? Vayamos, pues, a Dios con este sincero reconocimiento. Él no pide más. Nosotros no podemos hacer menos.
Aleguemos su promesa en el nombre de Jesús. Él nos librará del pozo del infierno que se abre ante nosotros; nos concederá vida y luz. ¿Por qué habríamos de desesperar? ¿Por qué habríamos siquiera de dudar? El Señor no se burla de las almas humildes. Dice en serio lo que dice. El culpable puede ser perdonado. Los que merecen ejecución pueden recibir perdón gratuito. ¡Señor, confesamos, y te rogamos que perdones!
26 de enero
DIOS DESBARATA EL TEMOR
«Ciertamente no hay agüero contra Jacob, ni adivinación contra Israel.» Números 23:23
¡Cómo debería esto arrancar de raíz todos los temores necios y supersticiosos! Aunque hubiera algo de verdad en la brujería y los agüeros, no podrían afectar al pueblo del Señor. A quienes Dios bendice, los demonios no pueden maldecir.
Los hombres impíos, como Balaam, pueden tramar con astucia la ruina del Israel del Señor; pero, con todo su secreto y toda su política, están condenados a fracasar. Su pólvora está húmeda, el filo de su espada está embotado. Se reúnen; pero, como el Señor no está con ellos, se reúnen en vano. Podemos permanecer tranquilos y dejar que tejan sus redes, pues no seremos atrapados en ellas. Aunque llamen en su auxilio a Beelzebú y empleen toda su astucia serpentina, de nada les servirá: los hechizos no obrarán, la adivinación los engañará. ¡Qué bendición es esta! ¡Cómo aquieta el corazón! Los Jacob de Dios luchan con Dios, pero nadie luchará con ellos y prevalecerá. Los Israel de Dios tienen poder con Dios y prevalecen, pero nadie tendrá poder para prevalecer contra ellos. No necesitamos temer al enemigo mismo, ni a ninguno de esos enemigos secretos cuyas palabras están llenas de engaño y cuyos planes son profundos e insondables. No pueden dañar a los que confían en el Dios vivo. Desafiamos al diablo y a todas sus legiones.
27 de enero
EL PRECIOSO ARREPENTIMIENTO
«Y allí os acordaréis de vuestros caminos, y de todos vuestros hechos en que os contaminasteis; y os aborreceréis a vosotros mismos a vuestra propia vista, por todos vuestros males que habéis hecho.» Ezequiel 20:43
Cuando somos aceptados por el Señor, y estamos de pie en el lugar del favor, de la paz y de la seguridad, entonces somos llevados a arrepentirnos de todas nuestras faltas y desatinos para con nuestro Dios lleno de gracia. Tan precioso es el arrepentimiento, que podemos llamarlo un diamante de la más pura agua, y este es dulcemente prometido al pueblo de Dios como uno de los resultados más santificadores de la salvación. El que acepta el arrepentimiento, también da el arrepentimiento; y no lo da de “la caja amarga”, sino de entre aquellas “hojuelas con miel” con que alimenta a su pueblo. El sentido de un perdón comprado con sangre y de una misericordia inmerecida es el mejor medio para disolver un corazón de piedra. ¿Nos sentimos duros? Pensemos en el amor del pacto, y entonces dejaremos el pecado, lamentaremos el pecado y aborreceremos el pecado; sí, nos aborreceremos a nosotros mismos por pecar contra un amor tan infinito. Vengamos a Dios con esta promesa de penitencia, y pidámosle que nos ayude a recordar, y arrepentirnos, y lamentar, y volver. ¡Oh, si pudiéramos gozar de los enternecimientos del santo dolor! ¡Qué alivio sería un raudal de lágrimas! ¡Señor, hiere la peña, o habla a la peña, y haz que broten las aguas!
28 de enero
LAS LÁGRIMAS CESARÁN
«Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.» Apocalipsis 21:4
Sí, llegaremos a esto si somos creyentes. La tristeza cesará, y las lágrimas serán enjugadas. Este es el mundo del llanto, pero pasa. Habrá un cielo nuevo y una tierra nueva, así lo dice el primer versículo de este capítulo; y por tanto no habrá nada por qué llorar en cuanto a la caída y sus consiguientes miserias. Lea el segundo versículo, y note cómo habla de la esposa y de sus bodas. Las bodas del Cordero son un tiempo de placer sin límites, y las lágrimas estarían fuera de lugar. El tercer versículo dice que Dios mismo morará entre los hombres; y sin duda a su diestra hay deleites para siempre, y las lágrimas ya no podrán correr.
¿Cuál será nuestro estado cuando no haya más dolor, ni clamor, ni haya más pena? Esto será más glorioso de lo que ahora podemos imaginar. Oh ojos enrojecidos de llorar, cesad vuestro ardiente fluir, pues dentro de poco no conoceréis más lágrimas. Nadie puede enjugar las lágrimas como el Dios de amor, y Él viene a hacerlo. “Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría”. ¡Ven, Señor, y no tardes; porque ahora tanto los hombres como las mujeres han de llorar!
29 de enero
LA OBEDIENCIA TRAE BENDICIÓN
«Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos del Señor tu Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre.» Deuteronomio 12:28
Aunque la salvación no es por las obras de la ley, las bendiciones que se prometen a la obediencia no son negadas a los siervos fieles de Dios. Las maldiciones nuestro Señor las quitó cuando fue hecho maldición por nosotros, pero ninguna cláusula de bendición ha sido abrogada.
Hemos de notar y escuchar la voluntad revelada del Señor, prestando atención no a porciones de ella, sino a “todas estas palabras”. No ha de haber selección a nuestro gusto, sino un respeto imparcial a todo lo que Dios ha mandado. Este es el camino de la bienaventuranza para el padre y para sus hijos. La bendición del Señor está sobre sus escogidos hasta la tercera y la cuarta generación. Si andan rectamente delante de Él, hará que todos los hombres sepan que son una simiente a la cual el Señor ha bendecido.
Ninguna bendición puede venirnos a nosotros ni a los nuestros por medio de la deshonestidad o el doble trato. Los caminos de la conformidad mundana y de la impiedad no pueden traer bien a nosotros ni a los nuestros. Nos irá bien cuando andemos bien delante de Dios. Si la integridad no nos hace prosperar, tampoco lo hará la bellaquería. Lo que da placer a Dios traerá placer a nosotros.
30 de enero
UNA ESCOLTA CELESTIAL
«Y he aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres.» Génesis 28:15
¿Necesitamos misericordias para el viaje? Aquí hay unas excelentes: la presencia y la preservación de Dios. En todo lugar necesitamos ambas, y en todo lugar las tendremos si vamos al llamado del deber, y no meramente según nuestro capricho. ¿Por qué habríamos de ver el traslado a otro país como una triste necesidad, cuando nos es impuesto por la voluntad divina? En todas las tierras el creyente es igualmente peregrino y forastero; y sin embargo, en toda región el Señor es su morada, como lo ha sido para sus santos en todas las generaciones. Puede que nos falte la protección de un monarca terrenal, pero cuando Dios dice: “Yo te guardaré”, no estamos en peligro real. Este es un bendito pasaporte para el viajero, y una escolta celestial para el emigrante.
Jacob nunca antes había salido de la habitación de su padre: había sido el niño de mamá, y no un aventurero como su hermano. Sin embargo, partió al extranjero, y Dios fue con él. Llevaba poco equipaje y ningún acompañante; y no obstante, ningún príncipe viajó jamás con una escolta más noble. Aun mientras dormía en el campo abierto, los ángeles velaban sobre él, y el Señor Dios le habló. Si el Señor nos manda ir, digamos con nuestro Señor Jesús: “Levantaos, vamos de aquí”.
31 de enero
DIOS SIEMPRE OYE
«Mi Dios me oirá.» Miqueas 7:7
Los amigos pueden ser infieles, pero el Señor no se apartará del alma que busca su gracia; al contrario, oirá todos sus deseos. El profeta dice: “Guarda las puertas de tu boca de la que duerme en tu seno. Los enemigos del hombre son los de su propia casa”. Este es un estado de cosas lamentable; pero aun en tal caso el Mejor Amigo permanece fiel, y podemos contarle toda nuestra pena.
Nuestra sabiduría está en mirar al Señor, y no en reñir con hombres ni mujeres. Si nuestros amorosos ruegos son desatendidos por nuestros propios parientes, esperemos en el Dios de nuestra salvación, pues Él nos oirá. Nos oirá tanto más a causa de la crueldad y la opresión de otros, y pronto tendremos razón para clamar: “Tú, enemiga mía, no te alegres de mí”.
Porque Dios es el Dios vivo, puede oír; porque es un Dios amoroso, querrá oír; porque es nuestro Dios del pacto, se ha comprometido a oírnos. Si cada uno de nosotros puede hablar de Él como “Mi Dios”, podemos decir con absoluta certeza: Mi Dios me oirá. Ven, pues, oh corazón sangrante, y deja que tus dolores se derramen ante el Señor tu Dios. Doblaré la rodilla en secreto, y susurraré para mis adentros: “Mi Dios me oirá”.
Capítulo 2 completado
El mes de enero