Capítulo 5 · 2 min de lectura · 2 min de escucha
Helen Roseveare: la doctora que confió en Dios en la oscuridad
Helen Roseveare era una joven doctora brillante de Inglaterra que podría haber tenido una vida cómoda curando a pacientes en su propio país. En lugar de eso, preparó su maletín de médico y se fue al Congo, en lo profundo del corazón de África, donde casi no había doctores.
Allí Helen trabajó más duro que nunca en su vida. Construyó un hospital casi de la nada. Enseñó a jóvenes africanos, hombres y mujeres, a ser enfermeros y médicos, para que la curación siguiera mucho después de que ella se fuera. Atendió a miles de enfermos que nunca antes habían visto a un médico. Era un trabajo agotador, pero maravilloso.
Entonces una rebelión violenta se extendió por todo el país, y unos soldados se apoderaron de la misión. Helen fue hecha prisionera y la trataron con gran crueldad, y durante meses vivió con miedo y dolor, sin saber si viviría o moriría. Fue el tiempo más oscuro de su vida.
Y, sin embargo, en aquella oscuridad, Helen contó que sintió que Dios le hacía una pregunta que nunca olvidó. No ¿puedes soportar este sufrimiento?, sino algo más extraño y más tierno: ¿puedes darme gracias por confiarte esto, aunque nunca te diga por qué? Eso no hizo desaparecer el dolor. Pero convirtió su miedo en una especie de valentía tranquila, porque sabía que no estaba sola y que no estaba olvidada.
Cuando por fin la dejaron en libertad, todos esperaban que Helen volviera a su casa en Inglaterra para quedarse, y nadie la habría culpado. Pero, en cuanto descansó, regresó: volvió al Congo, para seguir construyendo, curando y enseñando. En los años siguientes ayudó a formar a toda una nueva generación de médicos y enfermeras africanos, para que la curación continuara para siempre y nunca dependiera solo de ella.
Helen Roseveare pasó el resto de su larga vida contándole a la gente lo que había aprendido en la oscuridad: que Dios está con nosotros en nuestras horas más difíciles, y que nunca desperdicia nuestro sufrimiento cuando lo ponemos en sus manos.
Capítulo 5 completado
Helen Roseveare: la doctora que confió en Dios en la oscuridad