Capítulo 6 · 2 min de lectura · 2 min de escucha
Eric Liddell: el corredor que no quiso correr en domingo
Eric Liddell nació en China, adonde sus padres habían ido para hablarle a la gente de Jesús, y al crecer llegó a ser el corredor más rápido de toda Escocia. La gente decía que, cuando corría, llevaba la cabeza echada hacia atrás y la cara levantada hacia el cielo, como si corriera por pura alegría. Eric creía que su velocidad era un regalo de Dios, y le encantaba usarla.
En 1924, Eric fue elegido para correr por su país en los Juegos Olímpicos, y todos estaban seguros de que ganaría la carrera de los cien metros. Entonces se anunció el horario, y a Eric se le encogió el corazón: su carrera iba a correrse en domingo. Eric creía que el domingo era el día de Dios, un día para descansar y adorar, y decidió que no correría ese día, ni siquiera por una medalla de oro olímpica.
La gente se enfadó. Los periódicos lo llamaron tonto. Todo el país le insistía en que cambiara de opinión. Pero Eric no quiso. Así que se entrenó para otra carrera más larga, los cuatrocientos metros, que no era su mejor prueba y que nadie esperaba que ganara.
El día de aquella carrera, alguien le puso a Eric una nota en la mano. Decía que Dios honra a los que lo honran. Eric corrió como si sus pies tuvieran alas, y no solo ganó la medalla de oro, sino que además batió un nuevo récord olímpico. El muchacho que había renunciado a su mejor carrera había recibido una mejor todavía.
Pero lo más sorprendente vino después. En lo más alto de su fama, cuando podría haber tenido cualquier cosa, Eric lo dejó todo y volvió a China para servir como misionero y maestro. Años más tarde, durante una gran guerra, lo encerraron en un campo de prisioneros lleno de gente. Allí se hizo amigo y ayudante de todos: enseñaba juegos y lecciones a los niños, cargaba a los enfermos y regalaba su propia ración de comida, que era pequeña. Murió en aquel campo, agotado de tanto cuidar a los demás, y todo el campo lloró por él. Eric Liddell había corrido su última y mejor carrera, no por una medalla, sino por amor a Dios y a todos los que lo rodeaban.
Capítulo 6 completado
Eric Liddell: el corredor que no quiso correr en domingo